Beneficios de la Educación Clásica (6): Memoria y Aprendizaje

El sexto beneficio fundamental de la Educación Clásica es el desarrollo continuo de la memoria y del razonamiento: en una palabra, de la inteligencia. El estudio de la Gramática, la Lógica y la Retórica es más que un «método de enseñanza» o un conjunto inconexo de contenidos; se trata de un programa orientado a desarrollar al máximo la inteligencia potencial del estudiante. Para comprender cómo se lleva a cabo este proceso, exploraremos en este artículo las relaciones entre los procesos de retención y recuperación de información de la memoria y el proceso de aprendizaje.

George Herbert y su madre – Charles West Cope (1811–1890)

¿Qué es la «memoria»?

El proyecto «Memo» —un estudio en curso sobre la memoria humana que reúne a investigadores bajo el liderazgo de la profesora de neurociencia cognitiva Eleanor Maguire, en el Wellcome Trust Centre for Neuroimaging del University College London— define la «memoria» como el «proceso de extraer, procesar, almacenar y, posteriormente, recuperar información del mundo que nos rodea». Algunos de los hallazgos del estudio relacionan la memoria autobiográfica —es decir, el recuerdo de sucesos de la propia vida— con la memoria espacial y la noción de «navegación», entendida esta como el recuerdo de los «trayectos» por los que nos desplazamos: las habitaciones de la propia casa, el camino hacia la escuela y el trabajo, etc. Esta investigación también vincula ambas formas de memoria con la habilidad de imaginar escenarios, es decir, eventos cuya ocurrencia es posible en el futuro.

De la sucinta descripción presentada anteriormente, podemos concluir que «memoria» es un término paraguas que describe un proceso complejo, representado de forma sintética en la figura 1:

Descripción gráfica del proceso de memorización – Adaptado de [http://thebrain.mcgill.ca/flash/a/a_07/a_07_p/a_07_p_tra/a_07_p_tra.html]

  1. «Extraer» información del mundo significa «percibir» y «distinguir» las diferencias entre las cosas. Piense en la primera vez que entró en un aula o en el lugar donde desempeñó su primer empleo: bajo el impacto de una gran carga de novedad, usted no lograba comprender qué era aquel lugar, quiénes eran aquellas personas, qué hacían allí y para qué servían los objetos en aquel entorno. Con el tiempo, aprendió a distinguir y establecer diferencias entre entornos, objetos y personas. Por ejemplo, durante sus años escolares, aprendió a diferenciar a los estudiantes de los profesores y del personal administrativo; aprendió a diferenciar las aulas de la oficina de Dirección, de la Biblioteca y de los sanitarios; asimismo, aprendió para qué servían las señales sonoras, el panel de anuncios y la pizarra.
  2. «Procesar» información implica nombrarla, atribuirle significados, articularla con reglas y situaciones, clasificarla en categorías, etc. Por ejemplo: «pijamas» = «ropa para dormir»; «traje» = «ropa de trabajo»; y así sucesivamente.
  3. «Almacenar» información presupone algún método, proceso o sistema para mantenerla a disposición de la mente para su consulta o uso en el momento en que resulte necesaria. Por ejemplo, una vez que una persona aprende a leer, a nadar o a andar en bicicleta, podrá poner en práctica dichas habilidades incluso tras muchos años sin ejercitarlas.
  4. La idea de «recuperar» información exige un medio de acceso ágil a ese «almacén» de datos en el instante en que alguno de ellos se hace necesario. Todo profesional digno de tal nombre, sea cual fuere su área de desempeño, es capaz de acceder a la información básica de su profesión en el momento mismo en que la ejerce, sin necesidad de consultar libros u otras fuentes a cada instante.
  5. Finalmente, cada dato almacenado en los diferentes tipos de memoria se encuentra estrechamente vinculado a otros datos, de modos a menudo sorprendentes y, en gran medida, aún desconocidos para la Ciencia.

 

Los tipos de memoria

La noción de que la memoria no es una entidad monolítica, sino un conjunto de regiones y funciones especializadas del cerebro que operan tanto de forma aislada como conjunta, sugiere la multiplicidad de estímulos y métodos necesarios para un aprendizaje eficiente. Siguiendo los pasos del proyecto The Brain from Top to Bottom, de la Universidad McGill (Canadá), presentamos a continuación un breve resumen de los diferentes tipos de memoria:

  1. Memoria sensorial: Resultante de la información que nos llega a través de los sentidos; dura menos de un segundo. Incluye dos subsistemas: la memoria icónica (sensaciones visuales) y la ecoica (sensaciones auditivas).
  2. Memoria a corto plazo: Depende de la atención dirigida a los elementos de la memoria sensorial. La memoria a corto plazo posibilita la retención y recuperación de información durante menos de un minuto; por ejemplo, los elementos de una lista de 5 a 9 ítems.
  3. Memoria operativa (o de trabajo): Es una extensión del concepto de memoria a corto plazo, derivada de la paulatina comprensión de que no existe una línea divisoria claramente definida entre los recuerdos y los pensamientos. Su función es permitir la ejecución de procesos cognitivos (pensamientos, elaboraciones intelectuales) sobre el contenido de la memoria a corto plazo. La memoria operativa parece estar constituida por diversos sistemas independientes, lo que sugiere que el individuo nunca es plenamente consciente de la totalidad de su contenido.
  4. Memoria a largo plazo: Incluye toda la memoria de hechos tanto recientes como lejanos que se encuentre más consolidada, y consta de tres procesos: codificación, almacenamiento y recuperación. Por «codificación» debe entenderse la «atribución de significado». El «almacenamiento» se refiere al proceso activo que vuelve la información menos vulnerable al olvido.

La memoria a largo plazo es la que se halla vinculada de manera más estrecha a la noción de «aprendizaje», puesto que a ella recurrimos cada vez que necesitamos resolver un problema o desempeñar una tarea académica o profesional. Las investigaciones han identificado diversos subtipos o subfunciones de este tipo de memoria, los cuales resumimos en la figura 2.

La memoria a largo plazo y sus subtipos. Adaptado de [http://thebrain.mcgill.ca/flash/a/a_07/a_07_p/a_07_p_tra/a_07_p_tra.html]

La memoria a largo plazo puede ser «explícita» o «implícita», según si su contenido puede o no expresarse mediante palabras. Por ejemplo, la memoria «procedimental», relativa a las habilidades adquiridas, es un tipo de memoria implícita: usted sabe conducir un automóvil, andar en bicicleta, nadar o cepillarse los dientes sin que sea necesario describir verbalmente todo el procedimiento. En caso de requerirse la demostración de tal habilidad, se precisará una prueba práctica. Por el contrario, el recuerdo de los episodios de su vida (memoria episódica) y de los conceptos que ha estudiado en libros, conferencias, clases, etc. (memoria semántica), son manifestaciones de la memoria explícita, dado que pueden ser verbalizados, por ejemplo, en un examen escrito.

Por último, resulta de capital importancia resaltar que la memoria es fundamentalmente asociativa; es decir, una información tiene mayor probabilidad de ser transferida de la memoria a corto plazo a la de largo plazo si se encuentra, de algún modo, vinculada a una información preexistente en la memoria.

Memoria y Aprendizaje

La relación entre la memoria a largo plazo y el aprendizaje es tan evidente que el sitio web de la Universidad McGill incluye la siguiente consideración únicamente en el nivel «Explicación para principiantes»:

«La memoria y el aprendizaje están tan estrechamente relacionados que resulta común confundir el uno con la otra. No obstante, los especialistas que los estudian los consideran dos fenómenos distintos. Dichos expertos definen el aprendizaje como un proceso que modificará un comportamiento subsecuente. La memoria, por otra parte, es la habilidad de recordar experiencias pasadas. (…) La memoria es esencial para todo aprendizaje, pues permite almacenar y recuperar la información aprendida. La memoria, en esencia, no es más que el registro dejado por un proceso de aprendizaje».

En suma, cuanto más estudiamos sobre la memoria, más evidente se torna el hecho de que cualquier método de enseñanza o sistema educativo que pretenda efectivamente enseñar algo útil necesita, de forma imperiosa, incluir el desarrollo de la memoria y la memorización de hechos, experiencias, conceptos y procedimientos entre sus prioridades.

Sin embargo, al examinar las noticias sobre las «novedades» educativas en el ámbito educativo actual, ¡lo único que encontramos son campañas y proyectos contra la memorización! He aquí algunos ejemplos recabados en un motor de búsqueda en Internet sobre el aprendizaje de las tablas de multiplicar:

  • Una nueva forma de enseñar las tablas de multiplicar
  • Jugando, jugando, aprendí las tablas de multiplicar
  • Una manera diferente y creativa de aprender las tablas de multiplicar
  • Tablas de multiplicar completas del 1 al 9 y juegos para aprender
  • Proyecto: Tablas de multiplicar divertidas 2018
  • Las escuelas del futuro: Olvide los exámenes, la feria de ciencias y las tablas de multiplicar.

¿Las tablas de multiplicar se deben comprender o memorizar?

Es decir, la visión dominante sostiene que memorizar es «aburrido», que el aprendizaje solo ocurre si es «lúdico» y «creativo», que la memorización es algo que sucede por accidente durante «juegos creativos» y que es posible comprender una información sin memorizarla.

Cuando se estudia, aunque sea superficialmente —tal como hemos hecho en este artículo—, el significado científico de la memoria humana, resulta escandaloso lo absurdo de esta postura imperante entre los educadores, de modo que no nos sorprende en absoluto una noticia como la siguiente:

«Proyecto rescata las tablas de multiplicar e incrementa el rendimiento escolar de los estudiantes en el Colegio Estatal Filadelfia»

No hay nada que inventar. No existe aprendizaje sin memorización, y la memorización requiere esfuerzo y repetición. Por supuesto que se pueden experimentar y probar científicamente técnicas y métodos para hacer que dicho esfuerzo resulte menos tedioso, pero es imposible eliminarlo. La transferencia de información desde la memoria sensorial hasta las memorias a largo plazo no es un proceso sencillo ni automático; en él radica toda la dificultad y complejidad de un proceso biológico que, como tal, exige una inversión de energía —en una palabra: ¡esfuerzo!— por parte del estudiante. El sueño del aprendizaje sin esfuerzo es tan ilusorio y nocivo como las promesas de salud o dinero fáciles.

En este sentido, el retorno a la Educación Clásica —con todo su énfasis en la memorización de datos en todas las áreas del conocimiento, así como en la interconexión de los hechos de una disciplina con los de todas las demás— resulta indispensable para la recuperación del rendimiento de nuestros estudiantes en el sistema escolar.

 

Artículo publicado originalmente en: https://vias-classicas.com/blog/beneficios-da-educacao-classica-6-memoria-e-aprendizagem/

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