La palabra más fuertemente asociada a la idea de la Educación Clásica en la actualidad es “trivium”, un término latino que significa en español “Tres Vías”. La idea del trivium fue concebida en la Edad Media para englobar las tres primeras de las llamadas Artes Liberales: la Gramática, la Lógica y la Retórica. La Educación Clásica (las Artes Liberales) tiene por objetivo promover el amor por el Bien, el Verdadero y el Bello. “El Trivium es la puerta al conocimiento, el verdadero manual de instrucciones de la mente; son los cimientos para emprender la incursión en los vastos campos del saber y del conocimiento”.

“Santo Tomás se arrodilla y ofrece sus obras a la Iglesia Católica Romana”. Fresco de Ludwig Seltz (1844-1908). Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/db/Aristotelesrp.jpg
En 1947, Dorothy Sayers, en su ensayo titulado “Las herramientas perdidas del aprendizaje”, enfatizó los problemas de la educación moderna y sus efectos culturales sobre el Occidente, los cuales resultan en una creciente impotencia intelectual. La autora defiende la tesis de que los modelos modernos de educación condujeron al abandono de las herramientas esenciales para pensar y aprender por cuenta propia, sugiriendo que la solución radicaba en recuperar los principios de la Educación Clásica tal como se aplicaban en la Edad Media sin, obviamente, dejar de lado todo el conocimiento acumulado por la humanidad hasta el día de hoy. Esta idea es nuestro punto de partida para defender la tesis de que el segundo beneficio fundamental de la Educación Clásica consiste en que provee a los estudiantes de las herramientas que los habilitarán para convertirse en sus propios maestros a lo largo de sus vidas.
A pesar de que el trivium es popularmente asociado —incluso por diversos autores influyentes como Susan Wise Bauer— a la periodización cronológica de la enseñanza de niños y jóvenes en “fases” —“fase Gramatical”, de los 7 a los 10 años de edad; “fase Lógica”, de los 11 a los 14; y “fase Retórica”, de los 15 a los 17—, es un hecho que la idea del Trivium es mucho más amplia, pues se refiere a fases esenciales de todo proceso de aprendizaje, independientemente de la edad en que el individuo lo inicie o de cuán avanzado sea el conocimiento que desea adquirir.
Al leer la explicación que se expone a continuación, tenga en cuenta que las Artes del Trivium poseen una amplitud mucho mayor que este “esquema de división en fases”. Para comprender todos los aspectos que involucran las Artes de la Gramática, de la Lógica y de la Retórica, recomendamos el estudio de algunas obras esenciales como: “Didascalicon” de Hugo de San Víctor, “Trivium” de la Hermana Miriam Joseph, “The Latin-Centered Curriculum: A Home Schooler’s Guide to the Classical Curriculum” de Andrew A. Campbell y, finalmente, la “Historia de la Educación en la Edad Media” de Ruy Afonso da Costa Nunes.
Fase Gramatical – La memorización de los hechos
Sea cual fuere el asunto que usted desee aprender, la primera etapa será, siempre, la memorización de los hechos y conceptos fundamentales de dicho campo del conocimiento. Un niño que se aventura por primera vez en el estudio de las Matemáticas memorizará el nombre, la forma y el trazo de los dígitos, las cantidades que representan, y asociará cada uno de esos nombres, formas y trazos a la cantidad de los dedos de su mano o a pequeños granos de frijol colocados sobre la mesa de estudio. Un joven aprendiz de fotografía deberá memorizar, al menos, algunos hechos esenciales: los nombres de las partes de la cámara, el papel de la apertura del objetivo y de la velocidad de obturación, la noción de distancia focal, los tipos de luz y los métodos de fotometría, los diferentes tipos de encuadre, entre muchos otros conocimientos básicos sin los cuales es imposible producir una fotografía de calidad aceptable. Un estudiante de Medicina adulto comenzará sus estudios memorizando miles de nombres exóticos para cada una de las partes identificables de la anatomía humana. Sea cual fuere el campo de estudio, desde el más elemental hasta el más avanzado, el primer paso es, invariablemente, la memorización de hechos.
Toda la propaganda difamatoria respecto al papel de la memorización en la enseñanza —que entre nosotros, los brasileños, se denomina de forma peyorativa “empollamiento” — no altera el hecho de que saber consiste en tener la información disponible en la memoria en el momento en que se necesita. Como mínimo, aun cuando en determinado momento usted no posea un recuerdo exacto, necesita tener disponible en su memoria la información preliminar de que (1) la información deseada existe y (2) que puede ser hallada en tal o cual libro, artículo científico, base de datos, sitio web o cualquier otra fuente.
Si usted no dispone siquiera de estas dos informaciones preliminares, no podrá afirmar que realmente ha aprendido, ni que efectivamente sabe o conoce algo. Nadie puede llamarse “profesional” de un área del conocimiento si no reduce al mínimo la necesidad de consultas externas sobre los conceptos fundamentales de su profesión, ¡pues ese título está reservado para las personas que los tienen disponibles de manera inmediata en su propia memoria!
La crítica más frecuente a la memorización o al aprendizaje mecánico puede sintetizarse en lo siguiente: “De nada sirve memorizar una montaña de información si no se entiende lo que significa y no se sabe qué hacer con ella”. Sí, en efecto, esa crítica es correcta. El problema radica en que la Educación Clásica no se agota en la memorización de hechos, sino que la comprende como una fase, una etapa, un estadio del conocimiento. La memorización es apenas el primer peldaño necesario para el entendimiento. ¿O acaso es posible entender algo que no está disponible en la memoria? El segundo peldaño del entendimiento es lo que denominamos fase Lógica.
Fase Lógica – La relación entre los hechos
Tras memorizar los hechos esenciales sobre un área del conocimiento, se da inicio al establecimiento de relaciones entre estos. El niño que ya aprendió los números comienza a relacionarlos lógicamente, efectuando operaciones de adición y sustracción para resolver sus primeros pequeños problemas, y descubre cuántos dulces quedan en un frasco tras distribuir algunos entre sus hermanos. El joven aprendiz de fotógrafo que ya conoce las partes de la cámara y los principios fundamentales de la fotografía realiza experimentos combinando esta información, compara el resultado obtenido con lo que deseaba inicialmente y comprende qué necesita modificar para aproximarse cada vez más al resultado anhelado. El estudiante de Medicina que ya memorizó los nombres de todas las partes de la anatomía humana comienza a profundizar en el modo en que estas interactúan para producir todas las maravillas —y los problemas— del funcionamiento del cuerpo humano.
Ahora bien, la ciencia de la relación entre las informaciones se llama Lógica. Es recurriendo a la Lógica como el estudiante consigue percibir si una afirmación sobre un hecho es, al menos probablemente, verdadera o falsa. Es la Lógica la que posibilita al estudiante aceptar o descartar una afirmación, una idea o una propuesta. Es también mediante el recurso de la Lógica como el estudiante puede percibir y formular problemas prácticos o teóricos, así como imaginar soluciones para estos problemas y juzgar si dicha solución tiene o no alguna probabilidad de producir el efecto deseado cuando se ponga en práctica.
La simple manifestación de “opiniones” carentes de fundamento en hechos memorizados y en el análisis lógico de la relación entre estos hechos resulta en la pseudoargumentación vacía e inútil que todos hemos presenciado en las aulas de escuelas y universidades en el Brasil de las últimas décadas. El resultado es un estudiante inseguro respecto a sus propios conocimientos, que busca en la actitud de arrogancia opinante y en el discurso ideológico “listo para el consumo” —bajo la forma de consignas de propaganda partidaria— un refugio para su propia incapacidad de raciocinio. Bajo esa corteza de falso “empoderamiento”, encontramos a un individuo intelectualmente fragilizado por distorsiones impuestas por el sistema de enseñanza, fácilmente manipulable por todo tipo de personas deshonestas. Este es exactamente el resultado opuesto al que se obtiene mediante la Educación Clásica, dada su insistencia en la memorización y en la relación lógica de los hechos.
A medida que el estudiante progresa en su capacidad de relacionar los hechos, se encamina cada vez más hacia la elaboración de conexiones más complejas y originales, las cuales resultan en ideas propias que no son simples “conjeturas”, sino auténticas opiniones dignas de una discusión pública de alto nivel. Estas ideas originales exigen una forma de expresión más elevada, con un fuerte énfasis en la precisión del vocabulario, en la lógica de la argumentación y en la belleza de la presentación, a fin de que su mensaje sea valorado por todos aquellos que lo reciban. Esto nos conduce al tercer estadio del trivium: la fase Retórica.
Fase Retórica – La expresión magistral de las ideas sobre los hechos
Llega un momento en que todo estudiante, habiendo ya explorado lógicamente todas las principales conexiones entre los hechos, se vuelve capaz de elaborarlos intelectualmente bajo la forma de lo que se ha convenido en llamar, en el ámbito universitario, un “producto”. Por ejemplo, aquel niño que estudiaba Matemáticas es capaz de crear carteles en cartulina para una feria de Matemáticas donde explicará las propiedades de la adición o el funcionamiento de un ábaco. Aquel joven aprendiz de fotografía podrá producir su primer “ensayo fotográfico” en el que expresará su mirada original sobre un tema de su elección. Aquel estudiante de Medicina podrá redactar monografías, artículos científicos, tesis de maestría o doctorado y presentar los resultados de sus investigaciones en congresos.
Más que una capacidad, la expresión oral y escrita de ideas largamente elaboradas tras años de estudios es una necesidad personal y un deber de todo ciudadano. El ser humano está ávido por decir lo que piensa, por comunicar —esto es, volver patrimonio común— sus ideas, descubrimientos, invenciones y creaciones. Es esta avidez de comunicación la que permite a la humanidad evolucionar constantemente en su conocimiento sobre el mundo, representando la herencia más importante que cada uno de nosotros puede transmitir a las futuras generaciones.
La Retórica es la ciencia propia de la comunicación humana. El estudiante que alcanza la fase Retórica aprenderá los medios de expresión más elevados para que sus ideas provoquen un impacto en el público y encuentren eco en la comunidad científica o profesional en la que haya de participar. El objetivo es volverse apto para liderar intelectualmente su campo de acción, sea cual fuere, ejerciendo una influencia amplia y duradera sobre muchas generaciones.
Al dominar el arte de la Retórica, el estudiante estará listo para dedicarse a explorar y expandir las fronteras del conocimiento en su campo de actividad, ya sea en las Artes, las Ciencias, la Filosofía o la Religión, pues habrá alcanzado el que debería ser el objetivo final de toda educación: la independencia intelectual.
La Educación Clásica es el camino hacia la Independencia Intelectual
Si la palabra “trivium” significa “tres vías”, es porque debemos comprender esta primera etapa de la educación como una jornada hacia la independencia intelectual. En síntesis, adquirir independencia intelectual significa “aprender a aprender”, liberándose de la dependencia de “cursos”, “métodos” e “instructores” para adquirir los conocimientos que se desean. Una vez que el ciudadano ha atravesado estas tres sendas del conocimiento, podrá recorrerlas nuevamente cuantas veces lo desee, con mayor facilidad cada vez, para dominar cualquier campo del saber que pretenda.
Sin duda, no estamos aquí abogando por la idea descabellada de que los cursos serían “innecesarios” o “nocivos” para la independencia intelectual. Por el contrario, una persona que ha alcanzado el estadio superior de la independencia intelectual sabrá definir con precisión qué conocimientos le conviene adquirir por cuenta propia y a cuáles otros deberá acceder con el auxilio de la experiencia y conocimientos de un mentor, instructor, profesor o entrenador. No obstante, incluso en esos casos, no permanecerá como una oyente pasiva de una exposición oral, sino que se esforzará por (1) relacionar su contenido con los hechos de los que tiene noticia, (2) establecer conexiones entre los hechos y la información expuesta por el maestro y (3) elaborar pensamientos propios y originales que expresará en un lenguaje dotado de brillo y competencia argumentativa y persuasiva.
“Aprender a aprender” significa, por lo tanto, asumir las riendas de la propia educación; esto es, volverse capaz de concebir y ejecutar con éxito un plan de aprendizaje para sí mismo y para sus hijos. La Educación Clásica, al conducirlo por esta trayectoria hacia la independencia intelectual —dejando claro para el estudiante, a cada paso, el significado del proceso de aprendizaje—, propicia dicha independencia y cumple magistralmente, al cabo de largos años de estudio, el objetivo de transformar a simples principiantes en auténticos maestros capacitados para transmitir lo aprendido a las futuras generaciones.
Artículo publicado originalmente en: https://vias-classicas.com/blog/beneficios-da-educacao-classica-2-independencia-intelectual/